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> Home > CITA CON EL BOSQUE DE RÍO ABAJO CITA CON EL BOSQUE DE RÍO ABAJOPor Javier Biaggi La caminata por una parte del Bosque de Río Abajo tuvo lugar el 16 de julio de 2005. A medida que se acercaba el día sentía una inquietud que iba in crescendo, como una passacaglia de Bach, impregnando toda actividad que realizaba, haciéndome correr y descorrer mentalmente la caminata, al punto de ser una verdadera distracción. No era inseguridad: ésta era una caminata que había realizado con el mismo propósito muchísimas veces y con los ojos cerrados podía hacerla. Racionalicé que la inquietud se debía a la posibilidad de que las lluvias frustraran la caminata y el grupo fuera mayor de lo esperado. Aplicando la ley de Murphy, pensé que iba a caer un diluvio ese día y que alrededor de 150 personas se iban a presentar. Una noche, repasando los detalles de la caminata, nos vi caminando por la vereda: les mostré la quebrada Jobos que cruza el área recreativa, les expliqué todo sobre las características geológicas y geomorfológicas del bosque y sus razones, les relaté las historias de la cueva y las aportaciones a los estudios arqueológicos hechas por los alemanes de la Hacienda el Jobo, les hablé de la flora endémica del bosque y de los terrenos donde se conjugan la recreación, la preservación, la conservación y la experimentación. Les señalé la apacible calma, los melodiosos trinos de las aves, los insectos chirriando, los dulces silbidos de las ranas, el rumor del viento sobre las copas de los árboles, las mariposas de errático vuelo que van directas a dulcísimos cálices abiertos rebosando néctares. ¡Qué hermoso es el bosque!Entonces, como un relámpago, comprendí que la naturaleza de la inquietud no era nada de aquello, sino la cita misma. Una cita con una amada, mi vereda amada, siempre recordada, de la cual me había separado como se deja un amor imposible hacía 30 años. Aquella vereda que amé y caminé muchas veces en los tres años que fui de ella recuerdo lejano refrescaba ahora mi memoria y sentía de nuevo sus aires aromatizados a tierra, musgo y hojarasca. ¡Ah, y todo porque vuelvo a contemplarte! Porque vuelvo a ti como un amor viejo, cargado de nostalgias y recuerdos; de imágenes de cuando eras ligera a mi pie ligero; cuando mis trancos más largos hacían tus distancias más cortas y a ti más seductora; cuando tus contornos y los míos rebosaban de la vitalidad de nuevos árboles; cuando menos manos torpes y huracanes nos habían marcado. ¡Qué bueno va a ser andarte! ¡Qué bueno volver a hablarte y que me susurres, jamás debimos dejarnos ! |
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